Si bien es considerable el esfuerzo que realizan algunos sostenedores de establecimientos educacionales y sus comunidades educativas: docentes, asistentes de la educación, estudiantes y apoderados, son principalmente voluntades privadas las que marcan la acción frente a los nuevos desafíos climáticos y medioambientales que enfrenta la región de Tarapacá.


El caso de la educación pública es más complejo, ya que puede ver aplazadas sus prioridades ambientales, en medio de la expectativa de la desmunicipalización y del traspaso de establecimientos educacionales al Ministerio de Educación y los Servicios Locales de Educación Pública.

En el plano global, las Naciones Unidas, considera que la “educación para el desarrollo sostenible (EDS)” es esencial para estudiantes de todas las edades. De hecho, la educación de calidad es uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que marcan la hoja de ruta de la organización desde el año 2015.


En el currículo escolar la “Sostenibilidad” usualmente se ha tenido que filtrar entre otras materias que vienen de la malla tradicional, aun cuando el cambio climático y la necesidad de adoptar medidas para avanzar en la descarbonización, la eficiencia hídrica y la innovación de tecnologías verdes, son unos de los desafíos más inmediatos que tendrán que enfrentar las generaciones más jóvenes. Por ello, es necesario que las escuelas y liceos aborden la temática lo más pronto posible, ya que, si los niños son capaces de identificar y dar soluciones a problemas ambientales en los primeros años de escolaridad, mantendrán esa conciencia en la medida que crecen y podrán dar mejores respuestas a los desafíos que enfrentamos.


A pesar de que diversas instituciones o empresas han desarrollado herramientas educativas que incorporan en sus planes iniciativas dirigidas a estudiantes, invitándolos a pensar en un futuro más sostenible, la brecha entre la realidad educativa y los acontecimientos climáticos que están aconteciendo, hacen sonar las alarmas respecto del tipo de formación que deben recibir nuestros jóvenes y niños sobre medioambiente y ecosociedad.
A continuación, expondremos ejemplos notables de proyectos de “Sostenibilidad ambiental” realizados por 3 establecimientos educacionales de la región de Tarapacá.

Kronos School

Paula Vicencio, directora del colegio Kronos. Bicicleta reciclada genera energía para cargar celular

Entre el año 2016 y el 2017 cuando se abrió la carrera de Programación en el Colegio Kronos, surgió la necesidad de realizar clases y actividades para que los estudiantes aprendieran haciendo. En este contexto, Paula Vicencio, directora del colegio Kronos, nos cuenta que los jóvenes comenzaron a reparar computadores sin saber que tiempos después esa experiencia de aprendizaje les daría nueva vida a aparatos electrónicos destinados para el uso de otros estudiantes, y que así surgiría un gran proyecto que se ha dado a conocer y ha permitido que la comunidad educativa obtenga grandes beneficios. En primera instancia, el colegio compartió su experiencia en una actividad organizada por ENTEL, espacio donde varias empresas e instituciones nacionales comenzaron a mandar equipos al colegio.
Desde el 2019 es una estrategia del colegio liderada por los docentes Erick Sánchez Gutiérrez, entre séptimo y segundo medio, y por Miguel Pinto, en tercero y cuarto medio.

Docentes Erick Sánchez Gutiérrez. Conteiner que utilizan como centro de acopio de desechos tecnológicos.

PROYECTO R5
“Recolectar, Recuperar, Reparar, Reutilizar, Reubicar”, es la iniciativa que pretende recolectar equipamiento que ha sido dado de baja para entregarle una segunda vida útil.


“Durante la pandemia hemos podido entregar bastantes equipos a estudiantes de nuestro mismo colegio. Los equipos se han vuelto muy útiles para aquellos que no podían conectarse. Gracias a este proyecto, el colegio fue uno de los primeros que pudo iniciar las clases virtuales porque aprovechó la cantidad de equipos que teníamos reparados, lo cual dio un dato positivo a la asistencia a clases”, comentó el docente Erick Sánchez.


Otro de los hitos que destaca el profesor, es el trabajo de Jonathan Almanza, estudiante egresado del colegio, quien a través del proyecto “Generación de Energías Limpias y Vida Sana” construyó una bicicleta que carga celulares con un dinamo, la cual fue creada en base a piezas que vinieron llegando con tecnología descartada. Jonathan, además, se fue a España para continuar desarrollando su emprendimiento. “Él busca que esta bicicleta puede alimentar energía eléctrica a la casa. Es aquí donde ellos ya vuelan solos”, agregó.

INICIATIVAS
Este colegio de Tarapacá maneja varias iniciativas que buscan mantenerlos sintonizados con nuevos paradigmas que potencien mutuamente a la educación y el medio ambiente. Como “Microplástico”, trabajado realizado por la docente Valeria Durana junto a la Universidad de Tarapacá. Y como otros proyectos entre los que encontramos: la desalinización del agua, el proyecto de semillas Colorearte, el uso de Drive para disminuir la impresión de guías de estudio. Así también, están próximos a adquirir laboratorios de Tablet para disminuir la contaminación y el uso del papel.
La ciencia ha sido clara al señalar que el cambio climático, la pérdida de biodiversidad planetaria y la degradación de nuestros acuíferos y otros recursos naturales, son síntomas evidentes del punto de inflexión que pone al límite la resiliencia del planeta; por eso esta institución enfrenta este proceso junto a toda su comunidad educativa, involucrando al sostenedor, directora, jefe de unidad, docentes, estudiantes y familias.

Colegio Hispano Británico

Nelson Mandela, sostuvo: “la educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo”, idea que hoy se torna fundamental, pues necesitamos transformar nuestro territorio y el planeta a un ritmo y una escala jamás vista.


Joseph Morgan, sostenedor y gerente de Innovación y Desarrollo y Medio Ambiente del colegio y jardín infantil Hispano Británico, comparte esta reflexión y recalca la necesidad proteger el medio ambiente y el territorio. Señaló: “comenzamos hace unos 20 años a trabajar el tema medioambiental en vista de todos los cambios que hemos experimentado como región. Hoy lo tenemos declarado dentro de la misión y visión del establecimiento y dentro del objetivo prioritario”.

Joseph Morgan, sostenedor y gerente de Innovación y Desarrollo y Medio Ambiente del colegio y jardín infantil Hispano Británico

HispanoRecicla

En convenio con un punto limpio de TRICICLO, el colegio incentivaba a las familias a reciclar. Al principio en el punto limpio había un cuaderno donde se anotaban y posteriormente en el colegio se les colocaba una acción positiva, pero tras la pandemia fue imposible compartir un lápiz y anotar en un cuaderno por ser fuente de contagio, entonces se armó la campaña #HispanoRecicla. “Esta campaña consiste en que el estudiante va con su familia a reciclar, se saca una selfie en el punto limpio y la envía con un mensaje directo para redes sociales. Nosotros las recogemos y la transformamos en una anotación positiva; la anotación positiva es un mérito, hacia su conducta recicladora, su conducta ambiental. En las últimas estadísticas que tuvimos antes de la pandemia, cerca del 70 % de las familias del colegio estaban reciclando”, indicó Joseph Morgan.


BIODISEL
“En el año 2011 con profesores de química y estudiantes de todos los niveles, fundamentalmente de educación básica, fabricamos biodiesel a partir de aceite de cocina usado que conseguimos gracias a una campaña que invitaba a todo el colegio a traer aceite de cocina usado. A un motor reciclado de una lavadora que ya estaba deshecha le colocamos unas aspas y construimos una especie de licuadora gigante. Aquí unimos el aceite de cocina usado con otros elementos químicos para crear BioDisel, realizamos una gran cantidad como entre 10 a 15 litros, lo echamos en el motor de mi auto, llenamos el estanque con eso y yo anduve perfectamente como dos o tres semanas”, comentó el sostenedor.

Alejandro Flores Enrique, director del Colegio Hispano Británico


Para Alejandro Flores Enrique, director del Colegio Hispano Británico, en la actualidad, la formación medioambiental está impulsada por los propios centros educativos. Aseguró: “en nuestro proyecto educativo incorporamos valores que en este momento son muy necesarios de implementar en cada uno de nuestros estudiantes; el valor de la empatía, el valor que se le da a cuidar la tierra en la que vivimos, el respeto hacia los otros y el respeto entre nosotros mismos. Estos son valores que nosotros tenemos que internalizar en nuestros estudiantes para continuar en este proceso del cuidado del medio ambiente. Esa impronta está en todos nuestros reglamentos manuales de proyecto educativo, en la esencia misma del colegio, porque nosotros hemos sido llamados a trabajar en el fortalecimiento de generaciones y les vamos a heredar todo este cambio climático”.

Jardín Infantil y Sala Cuna “Ecokuna”

Coincidimos en que los niños son “esponjas para aprender”, con juegos o canciones son capaces de comprender conceptos matemáticos, lingüísticos o sociales, y pueden incorporar datos históricos, idiomas, arte.

Gonzalo Vera, sostenedor de Ecokuna y arquitecto de profesión

Todo aprendizaje es nuevo y por lo tanto puede ser atractivo para ellos. Lograr desarrollar los cinco sentidos (mirar, oler, oír, tocar y probar) es el proyecto educativo que nació de Gonzalo Vera, sostenedor de Ecokuna y arquitecto de profesión, quien señaló que la idea es darle a los más pequeños la posibilidad de mirar una sala cuna de madera, que vean troncos, plantas, tierra, que sientan como si estuvieran en un pequeño oasis a pesar de vivir en una zona desértica. Que puedan oler la madera, la tierra y las plantas. Que puedan tocar lo que los rodea, un árbol, su sala, la tierra. Que puedan desarrollar el gusto en base a una dieta ligada al consumo de alimentos naturales, aprovechando que su proyecto educativo contempla este tipo de dieta, que Ecokuna cuenta con un sistema de acuaponía donde se cultivan alimentos que luego llevan a la cocina y se incluyen en las comidas de los niños y niñas, y que también, cuenta con una huerta donde éstos pueden interactuar con las semillas y la tierra. Por último, para trabajar el sentido de la audición, dentro del jardín hay parlantes escondidos que generan un sistema de música ambiental, sonidos relajantes.


Con un jardín natural vertical que tiene un sistema de riego autónomo, areneros, presencia de plantas, troncos de árbol de tamarugo como pilar de la mesa donde los niños van a trabajar, es que Gonzalo busca generar conciencia desde la cuna. Indicó: “desde que el niño nace, puede estar desde los seis meses hasta los tres años en un ambiente como este, un espacio donde lo preparamos para que salga al mundo con una visión distinta, que vaya con ese chip verde, con un chip ecológico. Yo todavía no pierdo el sueño de que sea mucho más grande y que el día de mañana pueda tener otro establecimiento donde puedan asistir niños desde los tres años hasta los cinco años. Ojalá acompañarlos con este chip hasta que ingresen en algún colegio y se puedan insertar con esta mirada ecología y de respeto por el medio ambiente”.


Esta sala cuna es 100% eléctrica y cuenta con luminarias led de bajo consumo. Sin embargo, el proyecto busca que el día de mañana, postulando a algún programa o con recursos propios, se soporte con una red de paneles solares que permita que la sala cuna esté desconectada 100 % del sistema eléctrico convencional.

Pensar en que solo la educación transformará al mundo puede ser una mera utopía si no se considera a los establecimientos educacionales, liceos, escuelas, jardines infantiles y salas cuna como el centro donde se forman personas, donde se educan nuestros niños y niñas. Pero para asignarles el papel de formadores de conocimientos y valores formales, orientados hacia el futuro que se aproxima, es muy probable que debamos replantearnos nuestros sistemas educativos y los entornos en los que se educa a nuestras futuras generaciones. La presencia prolongada en espacios verdes será beneficiosa para la salud física y mental, y también, ayudará a mejorar el aprendizaje.

Foto: Ignacio Cortés. Nido construido con alambres, en ventana del Colegio Kronos, Alto Hospicio.

¿Por qué no replantearnos la comunidad, nuestra ciudad y el entorno urbano donde operarán nuestros establecimientos educativos? Bosques urbanos, árboles, granjas hidropónicas, así como la construcción en madera reciclada, manejo de las aguas, plásticos reutilizados, bioconstrucción, energía solar y economía circular, son algunas de las herramientas más efectivas para reducir la huella hídrica y de carbono, en nuestra comunidad, nuestros establecimientos educacionales y en nuestro planeta.

Por: Keyla Larrea G. y Paua Herrera / Fotografía: LaQuinta-news y Cortesía

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